Mi Parroquia y Mi Vida Monseñor Luis José Rueda Aparicio

Testimonio de Moseñor Luis José Rueda Aparicio
Caldenal de Colombia
Para la Revista 60 Años de la Parroquia María Auxiliadora – San Gil
Con alegría me uno a la celebración de los sesenta años de fundación de la Parroquia María auxiliadora de San Gil, ofrezco mi oración por Monseñor Carlos Germán Mesa Ruiz, Obispo. de la Diócesis de Socorro y San Gil, y por el Padre Daniel Carreño Sarmiento párroco de esa hermosa partoquia donde nací y en la cual me hice cristiano.
Mi familia y mi Parroquia. La familia conformada por los espósos Luis Emilio Rueda Joya y Socorro Aparicio Mejía con sus once hijos siempre ha sentido gratitud yamor por la Parroquia de María Auxiliadora de San Gil, les voy a explicar el motivo: Mi familia y mi parroquia son dos escenarios donde se ha manifestado el amor Misericordioso de Dios Padre y la presencia maternal de la Santísima Virgen María.
Mis padres ya murieron, también uno de mis hermanos mayores, y creo firmemente que ellos están en manos de Dios Nuestro Padre. Papá y mamá Siempre nos contaron que cuando ellos estaban en la crianza de sus primeros ocho hijos no tenían casa propia, vivián en casas arrendadas, pero en la década de los años cincuenta, es decir, a mediados del siglo XX sucedió algo maravilloso, el Señor Obispo vio que en San Gil sólo existía la Parroquia de la Santa Cruz (La Catedral) y que ya era hora de fundar una nueva parroquia en la ciudad, cuando se inició la construcción del Templo parroquial, decidieron construir unas casas para los obreros del templo, como mi padre trabajaba allí, fue así como llegamos a tener casa propia, allí nacimos los últimos dos hijos, allí aprendimos todos a vivir en familia y en parroquia y por eso el amor y gratitud por mi parroquia lo aprendí desde el seno de mi familia.
Los primeros sacramentos. El Bautismo, la Confirmación, la primera Confesión y la primera Comunión son sacramentos que sirven de base a mi vida eristiana, los recibí allí en mi parroquia. Me bautizó el Padre José de Jesús Monsalve, quien acostumbrara a decir la frasé de San Juan Bosco: “Propagad/la devoción a María Auxiliadofa y veréis lo que son milagros”, me confirmó Monseñor Pedro José Rivera Mejía, me confesó por primera vez (ique susto!) y me dio la primera comunión (iqué alegría!l) el padre José Dolores Solano. Papá y mamá nos enseñaron a ir a la Santa .Misa y a comulgar todos los domingos, y nos decían para motivarnos “después de Misa vamos a tomar masato y pandeyuca”. Nuestros papás tenían muy claro que la fe nace y se fortalece entre la vida de la casa y la celebración en el templo parroquial.
Mi Vocación sacerdotal nació en mi parroquia. Durante los años de adolescencia, mis hermanos y yo, seguíamos Rarticipando en. la Eucaristía daminical, pero en la misa de las 7 de la noche y quedándonos en las gradas. Es la edad de la impaciencia, donde queremos que los avisos parroquiales sean breves, pero eso sí sin dejar de comulgar y de sentir que el estudio, el deporte, las amistades necesitan de Dios. Así poco a poco, la gracia de Dios va obrando misterjosamente en el corazón. Cuando ya había terminado el bachillerato colaboré en la catequesis parroquial con un grupo de niños y niñas del barrio quienes iban a mi casa los sábados en la tarde para recibir la catequesis. En 1983 Monseñor Víctor Manuel López Forero reabrió el Seminario Mayor de San Gil e ingresamos doce jóvenes en el primer grupo, con el deseo de ser sacerdotes, y pienso que para llegar a esa decisión no hubo cosas extraordinarias en mi vida, el hilo conductor de mi fe y de mi vocación sacerdotal han sido la Eucaristía de la parroquia y el Santo Rosario orado en casa.
Mi sacerdocio en camino con mi parroquia. Durante mi proceso de formación en el Seminario sentí siempre la animación por parte de mis párrocos y de las familias de mi parroquia. Recuerdo con inmensa alegría al Padre José de Jesús Monsalve quien era mi párroco a la hora de ingresar al Seminario, el Padre Francisco Monsalve, el Padre Expedito Díaz quien murió siendo nuestro pároco, el Padre Eduardo Ardila quien era mi pârroco cuando Monseñor Leonardo Gómez Serna me confirió la ordenación sacerdotal, el Padre Ardila organizó lo referente a la celebración de mi primera Misa el 24 de noviembre de 1989. “Eran como las cuatro de la tarde” (Juan 1,39) y el templo estaba lleno, sentí la inmensa dicha de consagrar el Pan y el Vino en el altar de mi querida parroquia, de dar la Sagrada Comunión a papá y mamá, a mis hermanos, a todos los fieles que a la z eran mis amigos y vecinos. Tres meses después murió mi paddre, y el templo estaba lleno, ahora para celebrar la vida de èste obrero y para sentir así la solidaridad de los habitantes de la parroquia ante el dolor de la muerte.
El tiempo ha pasado rápidamente, pero recuerdo que el 15 de abril de 2012 volvimos al templo parroquial de María Auxiliadora para celebrar mi primera Misa como Obispo y agradecer el camino misericordioso que Dios Padre ha hecho con este hijo. El párroco en este tiempo era el Padre Gonzalo Córdoba Vega, Un año después murió mi madre y el templo otra vez estaba lleno para celebrar la vída de una mujer valiente, sencilla y llena de fe. Pude constatar la importancia de vivir la fe en la Comunidad parroquial, es como una familia grande que así como comparte nuestras alegrías, nos fortalece y nos consuela ante el dolor más grande, Este testimonio lo comparto con alegría y con respeto y si cada uno de Ustedes escribe el suyo, podrá constatar que los sesenta años de vida de nuestra parroquia de María Auxiliadora, están llenos de miles de historias de salvación.
Oro por los Obispos qưe han conducido la Diócesis en estos sesenta años. Felicito a mis hermanos sacerdotes que han sido párrocos de María Auxiliadora, oro por todos aquellos que lo fueron y ahora descansan en paz. Agradezco y felicito a los sacristanes, catequistas, servidores de la pastoral de la salud, a la Legión de María, a los integràntes de las CEM, a los grupós de parejas, a los servidores de la liturgia, a los coordinadores en barrios y veredas, integrantes del EPAP.
La parroquia es una comunidad en camino guiada siempre por el Espíritu Santo, con ella caminamos todos, descubriendo entre las luchas de cada día, la presencia del Señor quien nos dice “yo estaré con Ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)?
Luis José Rueda Aparicio
Obispo de Montelibano
3 de mayo de 2017
